Ni machismo ni feminismo

Ni machismo, ni feminismo

Por Ana Elena Contreras

“Ni machismo, ni feminismo… igualitarismo”

Dicho machista.

La Real Academia Española de la Lengua (RAE), que también es sumamente machista, define al machismo como “la actitud de prepotencia de los hombres respecto de las mujeres”. El machismo se perpetúa gracias al sistema patriarcal a través de sus instituciones, como la escuela y la religión, los medios de comunicación, la música popular, el cine, la pornografía y la televisión, por mencionar algunos.

El feminismo, por otro lado, es un movimiento social y político que se refiere a la toma de conciencia de las mujeres como grupo oprimido y a la lucha de las mismas por sus derechos. Gracias al feminismo las mujeres (feministas y no feministas) hemos logrado el reconocimiento de derechos y hemos ganado espacios en varios ámbitos, además, la lucha feminista ha peleado por conseguir justicia y señalar violaciones a los derechos de las mujeres, todo lo anterior con éxito.

Con las dos definiciones nos podemos dar cuenta de algo: el machismo y el feminismo no son ni de cerca sinónimos o antónimos, vamos, no son “los dos extremos de las cosas”. No, no señores, no se confundan, a manos del feminismo no ha muerto ningún hombre, niño o anciano, pero a manos del machismo han muerto miles de niñas, jóvenes y ancianas (esto es en su máxima expresión de violencia), pero el machismo también es responsable de que muchas de esas mujeres y niñas hayan sido violadas, privadas de su libertad, vendidas, acosadas en las calles y en los espacios tanto públicos como privados; han sido sus cuerpos cosificado en los medios (todos, sin excepción), sí, este mismo machismo ha dañado la integridad física y psicológica de mujeres de todas las edades.

¿Quiénes ejercen machismo?

La violencia machista es tan perversa que la ejercen tanto hombres como mujeres, pero en una sociedad de doble moral y con gusto por lo “correcto”, es muy difícil aceptar que eres una persona machista, es por eso que se vuelve normal escuchar cosas tan absurdas como “el machismo no existe”, “pero si la golpeó su marido, seguro es porque se lo merecía”, “para qué salió a la calle con esa ropa, por eso la violaron”, “es que las feminazis son unas exageradas” “yo digo que ni machismo ni feminismo; humanismo”. ¿En serio? No hay nada más machista que negar la existencia del machismo con tales argumentos.

Sin embargo, cuando digo que tanto hombres como mujeres ejercen conductas machistas, quiero matizar aquí algo. Hay una diferencia entre los hombres y mujeres machistas, incluso hay un sesgo: los hombres ejercen el machismo desde una posición de “superioridad”, mientras que las mujeres lo ejercen desde la subordinación y la necesidad de aceptación. Terrible, ¿no? No es casual que esto suceda de esa forma, existe un sistema que es el que dicta las reglas: el patriarcado. Bajo su cobijo es que ejerce el machismo, el cual, velado o no, es lo “normal”, porque es parte del sistema patriarcal en el cual crecimos y con el cual nos educaron, pero también es cierto que son conductas que se deben desaprender. Sí, esto es posible.

Esta es una de mis rolas favoritas que invito a que la escuchen con atención.

¿Eres machista?

¿A ti te confronta el feminismo? Te tengo una mala noticia, seguro es porque eres una persona machista de clóset. Tal vez es algo que sabes en el fondo, pero reconocerlo abiertamente es algo políticamente incorrecto, es por eso que te sientes tan incómodo.

Te voy a dejar aquí un listado de frases machistas que te pueden ayudar a identificar si eres o no “machista de clóset”:

  • Crees firmemente que las mujeres fueron creadas para tener bebés, una mujer sin hijos, es una mujer “incompleta”.
  • Piensas que es “normal” que los hombres sean infieles, “así son, son hombres”, pero si una mujer es infiel, es una puta y su conducta es imperdonable.
  • Te parece un privilegio el uso de vagones del metro exclusivos para mujeres y exclamas: “necesitamos unión, no discriminación”, por tu cabeza no pasa la idea de que es una medida necesaria e inmediata ante el acoso que las mujeres de todas las edades sufren cada día, acosos que van desde tocamientos sin su consentimiento, hasta eyaculaciones sobre su ropa o piel.
  • Ante una mujer acosada, lo primero que haces es preguntar cómo iba vestida la víctima, porque claro, seguramente era demasiada provocación para el pobre acosador.
  • Utilizas la palabra “feminazi”, en tono de “broma” por supuesto, (no, las bromas también perpetúan la violencia y son injustificadas).
  • Piensas que la cantidad de hombres que mueren cada día son equiparables con las 7 mujeres que diariamente son víctimas de feminicidio. Los hombres que mueren cada día, generalmente mueren a manos de otros hombres, no a manos de mujeres de manera premeditada.
  • Si una mujer toma la delantera para invitar a salir a un hombre piensas que es una puta, claro, esto también es machismo.
  • Si una mujer es lesbiana, es porque seguro le falta una “buena cogida”, claro, como si los penes fueran “milagrosos”.

Desaprender es posible

El arte está en que quienes ejercen esa violencia machista decidan renunciar a seguir perpetuándola y comiencen a transitar a un modelo social igualitario. ¿Por qué se debe renunciar a mantener y perpetuar el machismo? Porque es insostenible la violencia que vivimos actualmente, porque ya es suficiente la sangre vertida y porque sólo lograremos una sociedad avanzada cuando estemos libres de la violencia del machismo.

Aunque erradicar las conductas machistas es un trabajo de hombres y mujeres por igual, la tarea se debe hacer desde diferentes lugares. Las mujeres hemos empezado, llevamos décadas de lucha y organización, de deconstrucción y activismo. Los hombres deben empezar a reconocer esas violencias que ejercen (sin falsos victimismos), y hablar de sus privilegios entre ustedes, entre iguales, sin querer colonizar espacios, desde la autocrítica y con una conciencia de cambio. Es urgente actuar en consecuencia con el problema, identificarlo no es suficiente, es necesario actuar, tener el valor de renunciar a los privilegios y renunciar a la idea de reincidir.

Dicho lo anterior, agrego que no hay acto pequeño en el proceso de desaprender, todo abona, todo cuenta, se desaprende desde un dejar de hacer chistes sexistas, homofóbicos o machistas; si somos mujeres, dejemos de vernos como enemigas y dejemos de dudar de nuestra palabra, optemos por un permanente #YoSíTeCreo (porque para dudar de la voz de las mujeres, ya están las autoridades y el sistema completo), si eres hombre, deja de poner tu masculinidad en los actos violentos, ejercerlos no te hará más “hombre”. ¿Qué ganamos con desmontar el machismo? Una sociedad más justa, pacífica e igualitaria.

Y cada vez que un “ni machismo ni feminismo…” quiera salir de tu garganta, por favor, recuerda que el machismo mata.

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