La prostitución como violencia de género

La prostitución como violencia de género

Por Adriana Lecona

En agosto pasado, los delitos con mayor aumento en México respecto al mismo mes de 2018 fueron la trata de personas, con un incremento del 107.6%, (el mayor en toda la estadística oficial del periodo comparado), el feminicidio con un incremento del 35%, la extorsión con 28.8% de incremento y la violencia familiar con 19.05% de aumento.

Esta realidad no es un accidente, es el resultado de aquello que se hace o se deja de hacer para que sucedan o no sucedan determinados fenómenos. Por lo tanto no podemos enfrentarnos a la violencia de género, a la prostitución y a la trata como si fueran un accidente, cuando el resultado de esa situación supera el umbral de lo que socialmente hemos aceptado como “normalidad”. Por el contrario, debiera despertar una postura crítica de esa realidad para analizarla y trabajar para transformarla.

Cuando analizamos la realidad social de las mujeres, caracterizada por la desigualdad, la discriminación, la violencia de género, las mayores tasas de pobreza, de desempleo y de analfabetismo, la precariedad laboral y el menor salario, es impensable, insostenible y hasta absurdo pensar y proponer que la prostitución sea un “trabajo mas”, como una salida que pueda dar respuesta a esa realidad.

Argumentar en favor de la prostitución desde una visión de la libertad individual  y el criterio de elección de las mujeres sobre nuestros cuerpos es dar una vuelta de tuerca macabra y manipuladora de una consigna feminista legítima: #MiCuerpoEsMío.  Implica un cambio de significado valorativo que lejos de dotar de libertad de elección  o decisión a las mujeres,  se constituye como un discurso reactivo al feminismo, inscrito en la ideología neoliberal capitalista, para la cual la libertad individual está asociada únicamente a la libertad de mercado, a la mejora económica y de bienes materiales, y  que por lo tanto justifica y normaliza el sistema de exclusión, de dominación y de violencia capitalista patriarcal, reduciendo la mercantilización del cuerpo de las mujeres a una relación comercial, a un simple intercambio de “bienes” como un medio para obtener ingresos.

Pretender integrar la prostitución como parte de la normalidad social, como una solución al problema de la desigualdad estructural de las mujeres, no hace más que  reforzar el sistema de poder capitalista y el sistema de poder patriarcal que han producido esa realidad social excluyente, abandonando los valores éticos y el marco de la dignidad de las mujeres,  aumentando el umbral de tolerancia social a ese contexto de desigualdad para pasar a ser socialmente aceptado,  normalizando con ello la violación sistemática de los derechos humanos de las mujeres.

Si a ello sumamos el contexto de violencia física, económica, psicológica, sexual y patrimonial en el que se encuentran la gran mayoría de las mujeres en situación de prostitución y trata por parte de las redes de la economía criminal proxeneta, realizar cualquier reforma legislativa para regular o reglamentar la prostitución, implicaría un reconocimiento y validación del Estado a dicha violencia, promoviendo y facilitando la operación de dichas redes criminales y una renuncia a funciones centrales como lo son  la protección social, la prevención de riesgos y la garantía de los derechos humanos de la ciudadanía.

Regular la prostitución es regular el delito de la trata de niñas y mujeres pobres, indígenas, migrantes; es fomentar la misoginia, es reforzar la cosificación de las mujeres como objetos sexuales, es validar desde el Estado la violencia contra las mujeres.

Para detener la prostitución es indispensable resolver las causas y las circunstancias que llevan a las mujeres a una situación de prostitución y no pretender cambiar la última fase que conduce a ese trayecto aceptándolo como destino. Reglamentar la prostitución es un error cuando se ignora el contexto de desigualdad y de violencia estructural patriarcal en el que se genera y las redes de economía criminal proxeneta en el que se desarrolla.

Lejos de idealizar la prostitución desde un falso criterio de elección o de deseo, se requieren políticas públicas de igualdad tendientes al rechazo social de la violencia contra las mujeres y al uso del cuerpo de las mujeres como objeto para el entretenimiento y la recreación, o como un “negocio” altamente redituable; políticas que fortalezcan a todas las mujeres y que den salidas dignas las mujeres en situación de prostitución a través de la educación, del empleo bien remunerado, a un sistema de prestaciones sociales que le den acceso a la salud, al cuidado de sus hijas e hijos, a la vivienda, en suma que el Estado asuma su responsabilidad de garantizar justicia social, articule acciones efectivas de desmantelamiento de la economía criminal y se aleje de escuchar a aquellas voces que se dicen feministas pero que representan al lobby proxeneta neoliberal.

Te puede interesar:

25 comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s