Gordofobia

Gordofobia

Por Ana Elena Contreras

“La sociedad está incómoda con la belleza que no es para consumo”.

Desconocido

Gordofobia: es el rechazo o el odio hacia las personas gordas. Kelly D. Brownell, Rebecca Puhl, Marlene Schwartz y Leslie Rudd, psicólogas e investigadoras autoras de Weight Bias: Nature, Consequences and Remedies la definen como: “La discriminación basada en la forma y el tamaño del cuerpo.” Perla Hernández Santos, maestra en Derechos Humanos, activista de la aceptación corporal y luchadora contra la gordofobia de la fanpage Gordxs con Alma nos dice que es: “la discriminación hacia las personas gordas por no cumplir con el tamaño que mandatan los estándares sociales y que se justifica mediante los discursos estéticos y de salud”.

Gordofobia y patriarcado

La gordofobia es un brazo del patriarcado que propina sus golpes desde los prototipos de belleza para el consumo de los otros, hasta la expresión más sutil pero contundente que parte el discurso de la “salud”. La violencia del discurso de la salud es clara, es otra gran herramienta para la gordofobia, a partir de ella se relaciona la gordura con la falta de salud, con enfermedades, con falta de ejercicio físico, con descuido entre otras cosas.

La gordofobia es también la respuesta violenta y políticamente correcta al sistema patriarcal, porque lo hegemónico es “caber” en el estándar de belleza, sea cual sea. En los 50´s eran las caderas amplias y los cuerpos rollizos, en los 90´s los cuerpos delgados al extremo, así, la Organización Mundial de la Salud, va cambiando sus estándares para apegarse al sistema.

Bajo este lente, a los cuerpos gordos se les consideran cuerpos enfermos y con la creencia de que están enfermos, pareciera que se obtiene un permiso divino para que la sociedad opine sobre ese cuerpo gordo y sobre su estilo de vida. Es como si se les facultara para decirles qué deben hacer para perder peso. Para la sociedad lo importante es llegar al ideal: un cuerpo delgado… ¡”y sano”! Como si la delgadez fuera sinónimo de salud y la gordura de enfermedad. No todas las personas gordas son insanas, ni todas las personas delgadas son saludables. Hay personas gordas en las olimpiadas y personas delgadas muriendo de colesterol. ¿Esto no es acaso discriminación? Jamás se le cuestionará a un cuerpo delgado la calidad de su salud. Esas distinciones son precisamente las que señalamos, eso es gordofobia y la gordofobia es violencia, y también es una forma de marginación, una marginación socialmente aceptada.

Pero, ¿porqué es tan incómodo un cuerpo gordo? Pareciera que todas las personas se sienten con el derecho a opinar y a rechazar a los cuerpos gordos, lo anterior proviene de la concepción de belleza, la sociedad se ha tragado completa la píldora del concepto de belleza (¿obligada?) debido al bombardeo constante de la TV, las revistas, las calles en sus espectaculares, los periódicos, las redes sociales, en fin, todo el sistema grita cuál es el prototipo: cuerpos delgados, con silicona, blancos, rubios (o de ser trigueños deben ser extremadamente sexys), cuerpos sin vellos ni marcas, en otras palabras cuerpos de consumo, o sea, cuerpos-objeto. Todo lo que salga de ese estándar, debe “arreglarse”, o aceptar el rechazo.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en su informe Panorama de la Salud 2017, señala que México tiene la tasa más alta de sobrepeso y obesidad en mayores de 15 años, en los últimos 10 años el porcentaje de población obesa se incrementó 3.3%, el 72.5% de la población tienen obesidad (33.3%) y sobrepeso (39.2%). En una sociedad con ese índice a la alza de obesidad, contradictoriamente pareciera que todas y todos deseamos estar en el estándar, cumplir, ser-parte-de, al costo que sea necesario; entonces, los cuerpos disidentes nos recuerdan nuestra sumisión inconsciente con el sistema, nuestro deseo permanente de no ser nosotros mismos los focos de incomodidad, y se crean esas frases motivacionales como “mente sana en cuerpo sano” (¿a qué tipo de “mente sana” se referirán?) y ser fitness es lo de hoy, por encima de otras actividades. Pertenecer no es malo, lo que se señala es la violencia que se ejerce desde una supuesta superioridad del que “pertenece” hacia el cuerpo gordo disidente, y las repercusiones que esto tiene.

Feminismo, la reivindicación de todos los cuerpos

Las feministas decidimos reivindicar el derecho de ser y de existir de todos los cuerpos y nombrarnos libres de los estándares de consumo, reivindicamos la palabra “gorda”, nos apropiamos de la palabra resignificándola y nos nombramos cuerpas y cuerpos gordos. El feminismo nos ha regalado una herramienta valiosísima: nuestras gafas violetas, y con ellas podemos ver dónde están los mandatos de belleza (y la violencia que la acompaña), vemos para quién está dirigido ese mandato y de ahí podemos tomar nuestras propias decisiones que pueden ir desde optar por la disidencia gorda, hasta hacer nuestro propio estándar.

El patriarcado y la gordofobia son tan poderosos que incluso para los cuerpos gordos asumirse y nombrarse “gordo” es un paso difícil,  la palabra “gordo/a” es una palabra con mucho peso (touché) y la sociedad suele ser “políticamente correcta” sólo en el discurso claro está, porque se niega a nombrar esa palabra prohibida porque es fea e indeseable, es sinónimo de enfermedad, baja autoestima, aberración y vergüenza, así que se inventan nuevos términos como “chubby”, “curvy”, “rellenita”, “talla grande”, “talla extra” y demás palabrejas con tal de evitar decir: GORDA o GORDO.

Esa es la razón por la cual es tan difícil asumirse y aceptarse como un cuerpo gordo si no tenemos al feminismo en nuestras vidas. Sin las herramientas, el conocimiento y la libertad que nos regala el feminismo saberse un cuerpo gordo es poco más que una desgracia.

Aliadas y aliados al alcance de un click

Afortunadamente, han nacido comunidades afines al feminismo en redes sociales como “Gordxs con Alma”, quienes tienen la misión de “visibilizar la violencia no sólo de las personas, sino de la toda la industria, como la del cine donde las gordas sólo son las amigas buena onda o la ridícula, la de la ropa donde la talla extra es cada vez más pequeña o la ropa de talla extra con forma de costal de azúcar, como si los cuerpos gordos no mereciéramos vestir ropa de moda que se asiente bien a nuestros cuerpos gordos, de la televisión donde jamás verás reflejado un cuerpo real usando una crema ¡hasta para usar crema hay que ser delgadas!” según nos manifiesta la activista y administradora de la fanpage Perla Hernández Santos: “Necesitamos dejarle de decir a la vecina cómo cuidarse y cómo solucionar la gordura, necesitamos dejarnos de meter con el físico de las otras y aceptar que hay mil millones de maneras de tener un cuerpo y que ninguna puede ser errona y, justo, aceptar que no hay una manera errónea de existir en este mundo”.

En Facebook también hay páginas como: Stop GordofobiaOrgullo Gordo, Gordofobia y activistas de la autoaceptación como Óscar Jauregui, que diariamente siembran disidencia gorda, amorosa y subversiva.

¿Cómo identificar si eres gordofóbico/a?

Aceptar que somos violentadores no es fácil, es ponernos de frente con un ser horrible que no queremos ser, y nos ponemos el escudo del discurso de la salud o del amor, “te lo digo porque te quiero y me preocupo por ti”…(#ElAmorNoEsViolencia).

Dejo aquí un pequeñísimo listado de expresiones “comunes” que pueden ayudarte a prender tu alarma y reconocer si eres o no un espantoso ser violentador gordofóbico:

  • Eres bonita, pero lo serías más si adelgazaras un poquito. La belleza no está en la báscula ¿eh?
  • Así de rellenita, nunca conseguirás novio. Noticia de última hora, las gorditas también conseguimos novio, y sí, de esos novios que aman bien y bonito.
  • Seguro comes de todo, por eso estás rellenita. Estar en un cuerpo gordo no siempre es una decisión, hay muchas veces condiciones médicas que te colocan ahí.
  • ¡Te voy a recomendar un té que es buenísimo para bajar de peso!. ¿Quién te pidió tu consejo? Y lo más importante, ¿porqué asumes que quiero bajar de peso?
  • Deberías de ponerte otra cosa, algo que te disimule un poco el sobrepeso, esta ropa hace que se te marque la lonjita. ¡Claro que se notan las lonjas! Pues qué esperabas… las lonjas no impiden que un cuerpo gordo se vea fabuloso.
  • Con que pierdas un par de kilitos te apuesto que tu salud mejorará. ¿Acaso me haz hecho un análisis médico con sólo verme? Por qué piensas que estoy enferma, ¡si no haz visto mis últimos chequeos médicos! Deja de suponer y meter las narices donde no te llaman.
  • Con lo gordita que está, quién sabe si hay quién se la coja. La vida sexual de los cuerpos gordos no está sujeta a la báscula, las lonjitas no estorban para nada a la hora de tener sexo.

Alto a la gordofobia

En una sociedad donde odiarnos es casi un mandato y donde la frustración por los estándares de belleza son ridículos e inalcanzables, aceptarnos y amarnos es un acto revolucionario, y si posemos un cuerpo gordo, nombrarnos gordos y amarnos es sin duda un acto supremo que te pone muchos pasos delante de los simples mortales. Una gorda o un gordo que se ama y acepta, vive con un nivel de libertad que le da muchas satisfacciones; además de que los cuerpos gordos disidentes dan mensajes y se posicionan políticamente incluso sin emitir palabras.

Hernández Santos nos dice que es por eso que Gordxs con Alma promueve “la diversidad corporal como normal, promovemos el amor a nuestras piernas anchas o cortas, a nuestras panzas con estrías, a nuestros pechos grandes y a nuestra manera de ocupar espacio. A nuestro derecho a NO  pedir perdón por la forma de nuestro cuerpo. Queremos que las y los gordos ya no nos sintamos menos, que ya no nos agachemos, ni aceptemos sus ataques disfrazados de consejos” en otras palabras, se promueve el  ¡alto a la gordofobia!

Mi aportación desde el feminismo, como gorda disidente y en contra la gordofobia es la siguiente declaración:

¡Los cuerpos gordos (a pesar de su violencia gordofóbica), seguiremos por el mundo siendo felices, seguiremos amando y seguiremos siendo amados, seguiremos cogiendo y teniendo amantes, seguiremos siendo cuerpos gordos hermosos, y libres.

Pero sobre todo ¡seguiremos sembrando disidencia y revolución gorda!

Y si esto les molesta… pues venga, ¡besen mi gordo trasero!

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