Conferencia de Viena, al fin Humanas para los Derechos Humanos

Conferencia de Viena, al fin Humanas para los DDHH

Por: Ana Elena Contreras.

“Los derechos de las mujeres, son Derechos Humanos”.

Viena, 25 de junio de 1993

La conferencia de Viena fue la segunda conferencia a escala mundial que se centró exclusivamente en los derechos humanos, se celebró en un momento en el que las conferencias mundiales estaban en auge y es ahí, que a partir de la lucha de miles de mujeres y feministas alrededor del mundo se nos reconoce como “Humanas”.

Sí señoras, al grito de la consigna de Los Derechos de las mujeres, son Derechos Humanos es que se inserta en la Declaración y programa de acción de Viena, en el apartado 3 “La igualdad de condición y los derechos humanos de las mujeres”, que a la letra dice: “36. La Conferencia Mundial de Derechos Humanos insta al pleno disfrute de las mujeres de todos los derechos humanos en pie de igualdad y que esta sea una prioridad para los gobiernos y las Naciones Unidas. La Conferencia Mundial de Derechos Humanos también subraya la importancia de la integración y la plena participación de las mujeres como agentes y beneficiarias en el proceso de desarrollo, y reitera los objetivos establecidos sobre la acción mundial de las mujeres hacia el desarrollo sostenible y equitativo establecidos en la Declaración de Río sobre Medio ambiente y desarrollo…”. Qué hermoso, ¿no?, sin embargo, ¿no les parece algo digno de resaltar que apenas tenemos 26 años en que el mundo nos reconoce como sujetas de derechos humanos? A mí me parece que esto es una lupa y nos dice mucho del porqué ha sido necesaria la lucha de las mujeres. Es también importante resaltar la importancia de la organización y la movilización feminista, porque esta es una de las muchas muestras de que todo el trabajo colectivo importa e impacta no sólo el imaginario social sino también en los marcos legales que nos dan pie a la exigencia para el respeto y garantía de los derechos de las mujeres.

La movilización

Las mujeres y feministas fueron las protagonistas de ese histórico momento, hoy, dos décadas y media después, no se habla de ellas, y por supuesto, tampoco se le ha dado la importancia que tiene a ese acontecimiento, y eso, nos dice mucho de patriarcado y de cómo continúa anidado en el imaginario del mundo, incluso en el de los derechos humanos. La batalla que se dio en ese momento fue para hacer entender que no “somos sólo un sector” ni tampoco “una minoría” y hacerles ver que el mundo no sólo existe a partir del modelo tradicional (patriarcal) y androcentrista de “humanO”.  

Es así como se inicia una petición firmada por poco más de un millón de personas, después de que un grupo de mujeres decidieran organizarse y tejer redes para darse cita en Viena, presentando esas firmas y organizando diversas estrategias para hacerse escuchar. Parte de esas estrategias fueron la creación de “tribunales simbólicos” regionales y nacionales, (hago un paréntesis aquí, porque me llama la atención el esfuerzo de dichos tribunales, mostrando que las mujeres históricamente tenemos que hacer circo, maroma y teatro para que nos escuchen, sin importar la congruencia de nuestras palabras, si eso no es ridículo y machista, ¡no sé qué lo sea!). Finalmente, gracias a esos tribunales, que duraron ocho horas y que fue en donde se expusieron las violaciones a las mujeres y sus derechos, se transmitieron en cada uno de los pisos del edificio donde se realizó la Conferencia de Viena, esta acción abonó a visibilizar y sensibilizar a los delegados de la importancia de la demanda de las mujeres.

¿Qué se logró con esta declaración?

La Declaración y Programa de Acción de Viena reforzó importantes principios de igualdad, como la universalidad de los derechos humanos y la obligación de los Estados de acatarlos. Además, proclamó los derechos de la mujer y subrayó la necesidad de combatir la impunidad, inclusive mediante la creación de una corte penal internacional permanente. Todo lo anterior con sus vicios y sus lagunas, por supuesto, por lo que es indispensable continuar impulsando un cambio real en la práctica de los derechos humanos que permita garantizar los mismos con perspectiva de género, esto es atendiendo no sólo a la condición de ser mujer, sino también a otros factores, como la etnia, clase social, edad, etcétera, señalando que la perspectiva de género incluye también a los hombres (¡sorpresa!).

De 1993 al 2019

A dos décadas y media de dicha declaración, las defensoras de derechos humanos y feministas nos damos cuenta de que la lucha continúa, y que es necesario hacer una memoria histórica y tomar nota de una de las batallas ganadas, pero que seguimos en pie de lucha, que es el momento de volver a articularnos y cerrar filas porque nuestros derechos peligran.

Ese reconocimiento de nuestros derechos no ha derribado al sexismo ni al patriarcado, ambos continúan de pie, y aunque ante los Derechos Humanos bajen su perfil y se vuelvan sofisticados, permanecen vigentes. ¿Por qué afirmo esto? Porque me basta con escuchar las siguientes frases para corroborarlo: “las mujeres ya lograron todos los derechos”, “ahora la paridad opera en contra de los hombres que aspiran a cargos políticos”, “la violencia no tiene género”, entre muchas otras frases y afirmaciones más. La realidad es que continuamos con una brecha salarial sobre nuestros hombros, los feminicidios son en nuestro país una emergencia nacional, la violencia política contra las mujeres es cada vez más común, e institucionalmente nos siguen dando “tips para evitar ser violentadas en la calle”, mientras que se niegan a voltear a ver a los agresores y a hacer algo al respecto con la violencia que ellos ejercen, y todo lo anterior al amparo del reconocimiento de nuestros derechos humanos.

Agradeciendo y tomando la estafeta

Hoy, desde mis zapatos de “humana”, agradezco el trabajo, los esfuerzos y la tenacidad de todas esas mujeres, feministas y defensoras de derechos humanos, que dieron la batalla hace 26 años, y hago un llamado a las compañeras para que unamos fuerzas y reivindiquemos esa lucha que actualmente sigue siendo nuestra lucha; tejamos redes, retomemos la agenda y los trabajos para mantener y fortalecer nuestros derechos humanos.

Es necesario que continuemos levantando la voz, que nos apropiemos de las calles y de todos los espacios que sean necesarios para hacernos escuchar. Es necesario que pongamos nuestra semilla para que las futuras generaciones tengan mejores condiciones que las que hoy nosotras tenemos.

Compañeras, es nuestro momento, al grito de ¡Ni Una Menos! ¡Nuestro Cuerpo, Nuestros Derechos!, ¡Prostitución Legal es Violencia Patriarcal! exijamos: ¡Derechos Humanos para TODAS!


Nota al margen: Gracias a la Dra. Alda Facio y a la Dra. Gloria Ramírez por su incansable labor por nosotras las mujeres y por nuestros derechos. Con amorosa admiración, este pequeñísimo recuento es para ustedes.

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