En México, el control de la pandemia por COVID-19 lo sostienen las mujeres

Por Adriana Lecona

Actualmente el mundo atraviesa por una grave crisis de salud a raíz del contagio exponencial del nuevo coronavirus COVID-19, crisis que ha develado las profundas desigualdades sociales y las nefastas consecuencias mundiales generadas por el sistema de producción capitalista en su fase mas cruda la neoliberal, evidenciando no solo el desmantelamiento de los servicios básicos de protección y bienestar social a cargo de los gobiernos, sino las profundas desigualdades de género que prevalecen principalmente en la asignación de roles tradicionales, que se reflejan en la diferenciación del impacto y las consecuencias de la pandemia para hombres y para mujeres.

En México las mujeres se encuentran en la primera línea de atención y cuidados tanto del sistema de salud público al constituir el 70 por ciento del personal médico y de enfermería, como en las tareas de cuidados y reproducción en el espacio doméstico, rol de género al que han sido asignadas históricamente. A esta situación sumamos el autoconfinamiento como medida de distanciamiento social carácter nacional para controlar la epidemia, situación que en los casos de violencia familiar obliga a las mujeres y las niñas a permanecer encerradas la mayor parte del día con sus agresores, sin que se vislumbre una estrategia de acción de gobierno contundente tendiente a prevenir la violencia contra las mujeres y las niñas en cautiverio

De acuerdo a la información publicada por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNP) durante el año 2019 en México se registraron 980 casos de feminicidio y 2 mil 818 homicidios dolosos contra mujeres, y para el periodo enero a marzo de 2020 reporta 240 casos de feminicidio y 720 homicidios dolosos contra mujeres.

Llama la atención que el pasado viernes 24 de abril, el Secretario de Seguridad Ciudadana del gobierno de México, Alfonso Durazo, tomando como indicador de la disminución de la violencia contra las mujeres el delito de feminicidio, informó a la sociedad sobre una reducción del 15.22 por ciento en ese delito durante el mes de marzo respecto a febrero del 2020, pasando de 91 casos en febrero a 76 feminicidios en marzo,  registrando una disminución de 15 casos. Sin embargo el Secretario omite mencionar el incremento del 15.98 por ciento en el delito de homicidio doloso contra mujeres que pasó de 219 a 254 casos, 35 casos más registrados durante marzo respecto a febrero de 2020, dato relevante a la luz de la evidencia respecto a la incapacidad de ciertas autoridades para tipificar los homicidios contra mujeres como delitos de género, algunos de los cuales incluso se han llegado a clasificar como suicidios. 

Aunado a ello, el reporte refleja que durante el mismo periodo hubo un incremento considerable en las llamadas telefónicas relacionadas con eventos de violencia contra las mujeres al número de emergencias 911, siendo 19 mil 183 en enero, 21 mil 727 en febrero y 26 mil 171 durante el mes de marzo, mostrando un considerable incremento de 4 mil 444 llamadas durante el primer mes de las medidas de confinamiento domiciliario derivado de la epidemia de COVID-19

Durante el transcurso de la epidemia, se han hecho escuchar voces de organizaciones de la sociedad civil, colectivas feministas, académicas, investigadoras, e integrantes del movimiento amplio de mujeres, advertir sobre los riesgos del aumento en los casos de violencia familiar contra las mujeres y las niñas, derivada del encierro en entornos adversos y violentos en los que se encuentran permanentemente conviviendo con sus agresores, sumado a la frustración y enojo que la crisis económica trae consigo. Ante tales advertencias,  se ha obtenido una frágil respuesta reactiva por parte de las autoridades responsables de la prevención y atención de la violencia contra las mujeres a nivel federal, en algunos casos llamando a los hombres a colaborar en las actividades del trabajo doméstico y de cuidados, y en otros refiriendo al número telefónico de emergencias 911, sin que se cuente con la garantía de que el personal de atención de emergencias tanto telefónico como policial se encuentre capacitado en materia de atención a la violencia contra las mujeres. 

Ante el panorama de la pandemia COVID-19, es notable la fuerte articulación y coordinación a nivel nacional e internacional que ha logrado establecer la autoridad sanitaria en unas pocas semanas para enfrentar e intentar controlar la epidemia de COVID-19 en México, situación que contrasta tristemente con la ausencia de una estrategia concreta, específica, coordinada y visible por parte de las autoridades nacionales responsables de la prevención y atención de la violencia contra las mujeres en contextos de confinamiento necesario para implementar un mecanismo similar de información y protección ante “la otra pandemia” que desde hace décadas lastima a México y que es la violencia contra las mujeres.

Deseariamos que un problema público que aqueja a la mitad de la población de México mereciera la importancia y urgente atención para establecer mecanismos gubernamentales de articulación y actuación serios para la prevención, atención, sanción y erradicación de la violencia contra las mujeres, sin que se romantice a la familia como una institución donde se brinda protección y seguridad social a sus integrantes, cuando en la realidad el peso del trabajo doméstico y las tareas de cuidados recaen sobre las mujeres y las niñas, y donde en muchos casos la familia es precisamente la institución más violenta de la sociedad. 

Aunque cada mañana y cada tarde vemos y escuchamos con atención a funcionarios que nos informan sobre el avance de la epidemia y el éxito en las medidas sanitarias para contener el virus COVID-19, sin datos desagregados por sexo, sin mujeres en la toma de decisiones sobre el manejo de la pandemia, y sin una clara direccionalidad de programas sociales específicos para mujeres, lo cierto es que en México el control de la epidemia sin duda lo están sosteniendo las mujeres, con su trabajo remunerado esencial y además con el trabajo no remunerado que debiera ser reconocido también como esencial que es el trabajo doméstico y de cuidados de las mujeres.

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